El último libro que compré allí, no hace ni tres semanas, fue Una pena en observación. Amor, dios y lamento, tras la muerte.
Me extrañó que la librería ya no tuviera esa mesa al fondo, ni las novedades a la vista. Había, sí, una gran oferta de libros de segunda mano, pero el ambiente había perdido el calor de los libros, aunque allí todo el mundo fuera tan amable como siempre.

Cierra El bandido doblemente armado, un local librero que seleccionaba con gusto los pocos títulos que cabían. ¿Es suficiente ofrecer una apuesta cuidada y gin tonics con Hendrick’s? O quizás sean otros los motivos.
¿Qué ocurrirá con La buena vida? Esperemos que resista, hace poco cumplió dos años.
Larga vida al recuerdo.


